El Silencio
Se produjo el silencio desde lo arcaico de mi génesis pero me quedaba aún la luz, los colores y el rostro de mi madre de la que no quería separarse nunca.
En Enero hacía frio, un frio que congelaba los huesos, pero no conocía el llanto y mi protesta era inútil. Esperaba paciente que mi madre se acordara de mí a la hora de amamantarme y cuando lo conseguía, dormía dulcemente con el néctar de leche que mi madre muy cariñosa me daba. Mi madre observaba atenta cuando me lavaba y cuando me acaríciaba suave y tierna, como un rayo de sol al atardecer arropando de colores y míradas, besos y arrumacos mi tierno cuerpecito.